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Sombrero: Por lo general es de fieltro, de palma real o de paja de trigo.
Lunes del Recuerdo Javier Tapia, El Señor de los Sombreros
Por Carlos Sánchez Mariscal
Sombreros los hay, de estilo y precios. Guadalajara festejó en febrero 14 sus primeros 466 inviernos de fundación definitiva y que mejor que ponerle el tradicional sombrero charro, que también tiene su historia, que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte en caso de algún accidente. Javier Tapia sigue la tradición que heredó de sus ancestros y aunque oriundo de la capital del país, pero sentó sus reales hace casi una década en la Perla de Occidente. “Aquí me siento como en casa, me han tratado bastante bien y además, hay muchos Antecedentes. Cuentan que el sombrero charro tuvo su origen a mediados del siglo XIX, según lo hace saber en sus escritos José R. Benítez, en El Traje y el Adorno de México. “Entre los afiliados al contingente encabezado por Mina y Servando Teresa de Mier, que llegó a Soto La Marina en 1817, venían algunos españoles, de Navarra y Andalucía, quienes traían el sombrero típico de sus provincias, ya que un siglo antes fue una prenda característica de los picadores de toros. Fueron estos sombreros los que evolucionaron dentro de la forma de los jaranos a mitad del XIX, lo que originó el verdadero sombrero típico de nuestros hacendados, qué, con galón más o adornos menos, copa lisa o con “pedradas” ala remangada o solamente gacha, es hoy el sombrero charro”, dice Benítez. El pasado cobra vida. Ya en Guadalajara, Tapia conoció a Juan José “Prócoro” Muy variado el tipo de sombrero charro.Fotos: CASAMA Tapia había aprendido el oficio en “Casa Vargas”, de la Calle Sol No. 95 en la Colonia Guerrero en el DF. “Llegué a este oficio, ahora si que sin querer queriendo, pero creo que lo aprendí tan bien, que ahora no me falta trabajo”, dice a mucho orgullo. Entre la nostalgia, acompañada de una taza de café en la intimidad de su Taller que tiene en el Lienzo Ignacio Zermeño Padilla por el rumbo del Country o Barrio de Santa Teresita en Guadalajara, Javier recuerda que hay diversos tipos de sombreros. Jalisco, Pachuqueño, Zapatista, el Poblano ó San Luis, aunque el mismo hacendado o el jarano, antes eran los que tenían más demanda. La pasta y la goma son la materia prima, aunque no hay que olvidar la pasta de pelo de liebre ó conejo, pero también hay de lana. En su negocio hay infinidad de sombreros, algunos para remendar, otros para limpiar, algunos más de adorno y otros que ni el tiempo ha podido limpiar, porque el polvo se les ha acumulado, a pesar de que la mayoría están cubiertos con bolsas. Pero un sombrero charro no se puede concebir sin la toquilla ó ribetes, que tiene mucha variedad desde el piteado, pintados de blanco y cincelados, por mencionar solo algunos. El material es bastante caro y se tiene que traer de diversos estados del país, incluso el galón francés se tiene que pedir a la Casa Marte de la capital del país, mismo que se importa del país galo y es irónico que lo que más se usa en el sombrero charro mexicano, sea francés. Historias como esta e ironías, de que las hay, claro que existen. Siempre entre el cúmulo de anécdotas, viene a cuento el que un sombrero pueda ser el hilo, entre la vida y la muerte, en caso de un accidente. Y como siempre termino a mi manera, recordando que “Más fácil domar a potro salvaje, queque a jamelgo viejo”.
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